La historia de las obras de Dios suele estar marcada por la incertidumbre y el misterio. Así se recuerda uno episodio muy especial que tuvo lugar cuando la naciente comunidad de Franciscanas de María Inmaculada fundaba sus primeras obras. Una de ellas, la Casa de formación San José en Tübach, Suiza, que fue el primer refugio donde las futuras misioneras comenzaron su formación religiosa antes de partir hacia tierras americanas.
Un refugio nacido de la confianza
A principios del siglo XX, el Padre Reynaldo Herbrand, capellán y guía espiritual de la Madre Caridad Brader, se encontró en una situación angustiante: tenía quince postulantes entusiastas listas para partir a Colombia, pero carecía de un lugar donde albergarlas mientras esperaban el barco
Fue su fe inquebrantable y, sobre todo, su filial confianza en la protección de San José lo que le permitió superar el cansancio y el desaliento
«Mientras esto sucedía en Europa, en Colombia la Madre Caridad y sus hijas no cesaban de elevar sus oraciones». (Libro Madre Caridad Brader Z., de Sor Celina de la Dolorsa)

El milagro de San José en Tübach
La providencia guio al Padre Herbrand hasta el pueblo de Tübach, donde divisó una casa blanca que tenía en su mirador una estatua del glorioso San José
«Por eso, muchas veces oímos de labios de nuestra Madre Fundadora: – Que Dios bendiga a esos santos bienhechores y les dé el cielo en recompensa-«. (Libro Madre Caridad Brader Z., de Sor Celina de la Dolorsa)

Cuna de vocaciones y sacrificio
La Casa de San José fue oficialmente fundada el 9 de abril de 1908 por la Madre Caridad Brader, quien instaló a la Madre Inés Danner como su primera superiora
