La historia de las obras de Dios suele estar marcada por la incertidumbre y el misterio. Así se recuerda un episodio muy especial que tuvo lugar cuando la naciente comunidad de Franciscanas de María Inmaculada fundaba sus primeras obras. Una de ellas, la Casa de formación San José en Tübach, Suiza, que fue el primer hogar donde las futuras misioneras comenzaban su formación religiosa antes de partir hacia tierras americanas.
Hermanas y novicias en la Casa de Formación San José (Museo Madre Caridad, Bogotá, Colombia)
Una obra nacida de la confianza
Durante los primeros años de la Congregación se contó con la bendición de nuevas vocaciones nacidas en Suiza. En una primera etapa, la Madre Caridad había solicitado el apoyo del Convento de Maria Hilf para la formación de las futuras religiosas, sin embargo, con el correr de los años el número de jóvenes aumentaba y se hizo necesaria la fundación de un noviciado en Suiza.
La idea fue bien acogida por el Padre Reinaldo Herbrand, capellán y guía espiritual de la Madre Caridad Brader, a quien ella confió este propósito. A principios del siglo XX, cuando el Padre Herbrand llegó a Suiza se encontró con quince postulantes entusiastas listas para partir a Colombia, pero carecía de un lugar donde albergarlas mientras esperaban el barco. En medio de su desesperación, recorrió los pueblos de la pequeña Suiza buscando un hogar para estas jóvenes. Fue su fe inquebrantable y, sobre todo, su filial confianza en la protección de San José lo que le permitió superar el cansancio y el desaliento
Desde la distancia, la Madre Caridad y sus hijas oraban con mucho fervor para que todo en Suiza se diera conforme a los planes de Dios. Así lo relata Sor Celina de la Dolorosa en su libro «Madre Caridad Brader Z», página 159: «Mientras esto sucedía en Europa, en Colombia la Madre Caridad y sus hijas no cesaban de elevar sus oraciones»
El Padre Herbrand, el Padre Buhler y un grupo de Hermanas en la Casa San José (Museo Madre Caridad, Bogotá, Colombia)
El milagro de San José en Tübach
En uno de sus viajes por tierras suizas, el padre Herbrand se encontró con el señor J.A. Federer, un católico propietario de una fábrica quien al conocer sobre su búsqueda de una casa de formación para futuras religiosas, lo envió a Tübach, a hablar con el párroco, el Padre Kilian Bachtiger. Sin duda, La providencia guió al Padre Herbrand hasta Tübach, donde divisó una casa blanca que tenía en su mirador una estatua del glorioso San José. Al verla, el Padre Herbrand sintió una paz inmediata y tuvo la certeza de que ese era el albergue que Dios preparaba para las misioneras.
El Padre Bachtiger había negociado la Casa de San José para que sea un asilo de enfermos, gracias al préstamo de 10.000 francos que le hizo una generosa señorita, pero al escuchar al Padre Herbrand decidió cedérsela. Sin embargo, al poco tiempo la dama reclamó el dinero prestado al párroco, quien angustiado buscaba los medios para sanar la deuda.
En medio de esta situación el Padre Bachtier se encontró en la estación del ferrocarril con el señor Federer, mencionado anteriormente, quien llevaba en su poder exactamente esta suma de dinero para depositarla en el banco con el objetivo de invertir en una futura obra de beneficencia. Este benefactor jamás quiso recibir la devolución del dinero. «Por eso, muchas veces oímos de labios de nuestra Madre Fundadora: Que Dios bendiga a esos santos bienhechores y les dé el cielo en recompensa» (Libro Madre Caridad Brader Z., de Sor Celina de la Dolorsa)

La Madre Caridad tenía especial predilección por esta plegaria a San José, de acuerdo al testimonio entregado por la Madre Justa Gruler, quien la tradujo del alemán el 19 de marzo de 1985 (Museo Madre Caridad, Bogotá, Colombia)
Cuna de vocaciones y sacrificio
La Casa de San José fue oficialmente fundada el 9 de abril de 1908 por la Madre Caridad Brader, quien instaló a la Madre Inés Danner como su primera superiora
Fotografía de la Casa San José en la actualidad.