Con inmensa alegría franciscana y el corazón rebosante de gratitud, la Congregación de Franciscanas de María Inmaculada celebró el testimonio de amor y entrega de un grupo de religiosas que renovaron su «Sí» al Señor al cumplir 25, 50 y 60 años de vida consagrada.

El 15 e agosto se homenajeo a un primer grupo de Hermanas en el Santuario Eucarístico de Maridíaz en Pasto (Colombia)
En la imagen las Hermanas que celebraron sus Bodas de Diamante en la Fraternidad de Betania de Pasto (Colombia)

Su fidelidad es un faro de luz que ilumina el caminar de la congregación y demuestra la belleza de consagrar la vida al servicio del Evangelio, al estilo de San Francisco de Asís y de la Beata María Caridad Brader.

En la fraternidad de La Umbría (Antioquia, Col.), el 23 de agosto, un grupo diferente de Hermanas recibieron su homenaje

Un hito de fe: 98 Años de Adoración Perpetua en Maridíaz

Esta celebración congregacional de acción de gracias tuvo un marco de profunda gracia: la conmemoración de los 98 años de Adoración Perpetua en el Santuario Eucarístico de Maridíaz. A los pies del Santísimo Sacramento, donde día y noche se mantiene viva la llama de la oración, entregamos el ministerio y la vocación de nuestras hermanas homenajeadas:

  • Bodas de Diamante (60 años): Seis décadas de donación generosa, perseverancia e itinerancia evangélica de las Hermanas Nisla Elizabeth Young, Aura Elisa Romo Romo, Clara Virginia Pabón Díaz, Carmen Rosa Benavides, Alba Cecilia Muñoz Benavides, Ana Lidia Quroz Conejo.
  • Bodas de Oro (50 años): Medio siglo de siembra silenciosa, fecunda y llena de alegría franciscana de las Hermanas María Ilse Salazar Morales, Estela María Rojas Rodríguez, Israelita Vásquez Vera, Graciela Grisales López, Evarista Bueno Romero.
  • Bodas de Plata (25 años): Un cuarto de siglo de juventud entregada, renovación constante y servicio fraterno.

Acompañadas por todas las Hermanas de su comunidad, familiares y amigos, la ocasión fue una fiesta de fraternidad en la que resonó con fuerza la gratitud por el regalo de la vocación.

A todas las Hermanas Jubilares, expresamos nuestro más profundo agradecimiento por su «sí» que se renueva cotidianamente y por ser reflejo vivo del Amor Eucarístico. Que la Santísima Virgen María Inmaculada las siga protegiendo con su maternal ternura.

¡Paz y Bien!